Nuestra historia

Si, si, nuestra historia, has leído bien. Aquí no vas a encontrar el típico QUIENES SOMOS de todas las webs.

En esta entrada del blog te invitamos a que conozcas los orígenes de Trediser, desde la creación de nuestra empresa madre Madelcar, hasta hoy en día como Trediser. Más de 45 años de historia resumidos en unas pocas líneas, difícil, muy difícil, pero lo vamos a intentar.

Porque esta bendita locura empezó a finales de los años 70.

Nos situamos en Murcia capital. Un joven José Luís Sánchez-Migallón, un empresario (antes comercial durante muchos años) con una visión de futuro y del mundo de los negocios fuera de lo común, fundó Madelcar (MAría DEl CARmen). No hace falta que os diga como se llamaba su mujer y también jefa de la empresa.

Empezaron en exclusiva centrados en el mundo del fumador, en la mesa del salón de su casa etiquetando encendedores, cortapuros y todo tipo de artículos para el fumador, preparando los pedidos y las facturas a mano. 

El olfato de Migallón (a partir de ahora, el jefe, que es como lo conocíamos todos) para los negocios le alertó que en aquellos tiempos aún no existía una gran empresa en España que ofreciera lo que ya empezaba a demandar el país, un artículo para el fumador, sí, pero con calidad y diseño, pensado por y para él exclusivamente.

La palabra sibarita se la grabó a fuego, a esas personas iban dirigida su empresa y su catálogo. En parte también porque él era el primer sibarita, amante de un buen puro y una buena pipa.

Así pasaron los primeros años, Mª del Carmen (la jefa) trabajando en administración y el jefe recorriendo España entera vendiendo (y como vendía, y como se ganó la confianza y la amistad para siempre de la mayoría de los grandes clientes que aun hoy en día seguimos conservando).

La empresa fue creciendo exponencialmente, y ya todo se quedaba pequeño, así que compraron un bajo en la murciana calle Torre de la Marquesa, una de las calles con más solera en Murcia, ya que en ella estuvo ubicada el primer campo de fútbol de nuestro Real Murcia.

Por supuesto, necesitaron también trabajadores ya para estos años de mucho más volumen de ventas, y en esos tiempos (finales de los años 80) ya trabajaban con ellos Mari (nuestra mítica Mariquilla) y también uno de los componentes actuales de Trediser: Alfonso.

En estos tiempos, el jefe consiguió, con su excelente arte negociador, muchas de las firmas que seguimos trabajando en exclusivas para España a día de hoy.

Y siguieron creciendo, y ya necesitaban agentes comerciales por toda España, porque el jefe no llegaba a todas partes debido al aumento de la cartera de clientes, fruto de su buen hacer recorriendo ciudades y ferias.

El jefe seguía haciendo de embajador de la empresa en continuos viajes durante todo el año, porque era, como ya hemos dicho, único en el trato, pero tuvo que delegar para poder abarcar toda la península y las islas.

Y seguía aumentando más y más la plantilla. Perdón, perdón, he dicho plantilla? No, no, en Madelcar no había una plantilla, nunca la hubo de hecho. En Madelcar siempre hubo una FAMILIA, así, en mayúsculas. 

Y esto fue así por la forma en la que tanto el jefe, como especialmente la jefa, nos trataron a todos. 

Consiguieron ambos con su forma de ser, sin pretenderlo probablemente, que todos los trabajadores sintiéramos la empresa como nuestra, y a ellos, nuestros segundos padres.

Quizá este haya sido uno de los éxitos de la empresa, probablemente el más importante, en los buenos tiempos y en los no tan buenos, todos a una, como la gran familia que siempre fuimos.

En las campañas de Navidad, de máxima carga de trabajo, la familia/plantilla junta, haciendo horas extra o/y trabajando los festivos que hicieran falta para no fallar nunca a los clientes.

Ese espíritu sigue vigente en Trediser, es una herencia que no nos podemos permitir perder.

Es durante estos años cuando otra vez el instinto innato para los negocios del jefe le hace montar una tienda en Murcia, LA PIPA DE ORO, en una de las principales avenidas de la ciudad, la Avenida Constitución, un establecimiento referente para cualquier apasionado al mundo del fumador, primero para Murcia, y luego para toda España. Se convirtió en el establecimiento más profesional del sector. Si lo que buscabas no lo encontrabas en La Pipa de Oro, sencillamente, no existía.  

En esa tienda trabajó como dependienta una de las mejores y más eficientes personas que haya tenido nunca la empresa, la gran y aún llorada María Jesús (un besazo fuerte al cielo amiga).

La tienda estuvo abierta durante décadas, hasta la jubilación de la jefa ya entrados en la segunda década de este milenio.

Pero volvamos a Madelcar, porque otra vez apareció el instinto del jefe, y fue Madelcar de las primeras empresas de Europa que viajó al mercado asiático a buscar nuevos proveedores y productos.

Con estos viajes comenzó Madelcar a incorporar regalo (al margen de licoreras y llaveros que comercializó desde sus orígenes), sin descuidar en ningún momento su línea de fumador. A día de hoy, es nuestro sector más importante. Otra vez se adelantó a los tiempos el jefe, y vió antes que nadie que fumador iba a dejar de crecer y que necesitaba otra línea de artículos con los que continuar.

En estos tiempos (años 90) se incorporaron al negocio sus dos hijos varones, que ya habían terminado sus estudios superiores (siempre relacionados con el mundo empresarial) y estaban más que preparados para ir poco a poco tomando el mando de la empresa (además, buenos genes llevaban en su ADN).

La empresa seguía creciendo y creciendo, así que ya se dió el paso de comprar una nave mucho más grande en Molina de Segura, un municipio colindante con la ciudad de Murcia. 

En estos tiempos nos incorporamos a la empresa el resto de integrantes de Trediser. Nos situamos a finales de los años 90.

Y fue durante estos años cuando una terrible enfermedad se llevó al jefe muy pronto, demasiado, y por mucho que sus hijos ya estaban al frente del negocio, el vacío que nos dejó Migallón a todos fue insustituible. 

Aún a día de hoy, más de 25 años después de que se marchara, muchos de nuestros clientes nos recuerdan sus anécdotas con él y nos cuentan el cariño mutuo que se profesaron. Está más que claro que fue el alma de todo lo que vino después y que su huella será imborrable por siempre para todos los que tuvimos la gran suerte de conocerlo.

Sin él, esta aventura, que ya dura de más de 45 años, nunca habría existido.

Pero Madelcar a lo suyo, la empresa seguía con su misma hoja de ruta, crecer como la espuma. 

Pronto, los dos mil metros cuadrados de almacenamiento, de la que nos parecía una nave gigante cuando nos mudamos, se quedaron pequeños y hubo que conseguir más naves colindantes hasta llegar a más de cinco mil metros cuadrados de almacén. 

Por entonces tenia Madelcar en plantilla más de 35 trabajadores y más de 25 comerciales en España, Portugal y Bélgica.

Estos años (la primera década de este milenio) fueron el techo de la empresa. Con una cartera de más de ocho mil clientes, Madelcar era la principal empresa del país tanto en regalo como en fumador.

Pero llegó la crisis de 2.009, y nos cogió por sorpresa con muchos proyectos empresariales y otras líneas de negocio abiertas donde se había invertido mucho dinero (como por desgracia,  le pasó a tantas otras empresas), y finalmente, después de unos pocos años más, finalmente cerró la empresa y su historia para siempre en los primeros meses de 2.016.

Y justo ahí es donde nace Trediser para dar continuidad al modelo, pero esa historia si que la podrás leer en QUIENES SOMOS.

Si has llegado hasta aquí es que hemos conseguido que te interese nuestra pequeña pero gran  historia.

 A muchos de vosotros porque ya la conocíais y ha estado bien recordarla, y a los demás, los que os habéis incorporado a nuestra gran familia más tarde, espero que este breve y resumido pedacito de historia os haya hecho entender un poquito más la idiosincrasia y razón de ser de nuestra empresa.

Para despedirnos, la plantilla de Trediser solo quiere agradecer a la familia Sánchez-Migallón ( y especialmente al jefe y la jefa) todo lo que nos han enseñado y aportado en nuestras vidas. Sin ellos, como ya he dicho, nada habría sido lo mismo.

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